El Obrero de Tomelloso: Los primeros años del Ferrocarril de Argamasilla-Tomelloso (y II)

La rescisión del contrato de explotación con M.Z.A., en el año 1917, dejó a la Compañía del Ferrocarril de Argamasilla-Tomelloso sin otra alternativa que la de asumir la explotación del ferrocarril directamente por ella misma.

Para ello, sería necesario aumentar en un millón de pesetas el capital invertido inicial, cantidad que era justamente la que se habría podido reunir en esos diez años de ingresos, como se había previsto en un principio. La otra alternativa era la de abandonar el ferrocarril, perdiendo toda la inversión inicial de un millón y medio de pesetas.

Texto redactado por el obrero, vendiendo acciones de la Compañía.
Texto redactado por El Obrero, vendiendo acciones de la Compañía.

Francisco Martínez Ramírez, Director General de la Compañía no estaba dispuesto a pedir más dinero a las personas ya mencionadas, con las que le unía una relación de amistad, por la sencilla razón de no causarles ningún perjuicio económico que alterara sus vidas. Una vez más, aquél que había conseguido que Tomelloso y Argamasilla de Alba tuvieran un ferrocarril, se encargaría de mantenerlo vivo.

El Obrero se encargó de buscar inversores que aportaran el capital necesario que permitiera a la Compañía de AT la explotación directa del ferrocarril, que tantos años de esfuerzo había costado conseguir.

En este momento, Francisco Martínez Ramírez comienza las gestiones para que la Compañía cambiara de dueño, a través de la venta de todas las acciones, con lo que liberaría de la carga económica a los principales accionistas. La Compañía vendería todas las acciones de manera conjunta, frente a aquellos que querían venderlas libremente, como fue el caso de los herederos de uno de los accionistas principales. El Obrero apoyaba la primera opción, ya que de otro modo, hubiera perjudicado el buen funcionamiento y orden de la Compañía.

Sería en Bilbao donde encontraría inversores para el ferrocarril. La entidad Crédito de la Unión Minera sería la nueva depositaria de todas las acciones. Francisco Martínez Ramírez seguiría ejerciendo el cargo de Director General de la Compañía, a la vez que continuaba siendo uno de los principales accionistas. A partir de este momento, esta nueva empresa continuó realizando todas las obras necesarias y aportando todo el material que se precisaba. Sería injusto no mencionar que fue Francisco Martínez Ramírez el responsable de todas estas gestiones financieras, siendo precisamente en él, en quien la empresa depositaba toda su confianza.

En los siguientes 6 años, los ingresos del ferrocarril llegaron casi al doble, cumpliéndose la idea prevista de negocio que Francisco Martínez Ramírez hubo previsto años atrás; sin embargo, todos estos ingresos eran consumidos casi en su totalidad en gastos de explotación y cargas financieras. Esto, unido a la disminución del tráfico, ponía en riesgo la vida ferroviaria del ferrocarril, ya que a pesar de los datos favorables, el ferrocarril estaba sometido a los rendimientos de una sola población con un solo elemento productivo, el vino, y las industrias derivadas de él.

La filoxera también hacía sus estragos en esos años, lo que unido a la reducción del consumo, hacía necesario encontrar una solución que paliara todas esas dificultades. Francisco Martínez propondría la creación de un “triage” en la estación de Cinco Casas.

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