El Obrero de Tomelloso: Los primeros años del Ferrocarril de Argamasilla-Tomelloso (I)

El ferrocarril de Tomelloso y Argamasilla de Alba comenzó su andadura en 1914, iniciando su explotación por parte de la Compañía de Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (M.Z.A) en el mes de enero.

En los años inmediatamente posteriores a 1914, surgirían problemas para la Compañía de Ferrocarriles de Argamasilla-Tomelloso, dificultades que pondrían al ferrocarril de Tomelloso en una situación de vida o muerte. Antes de comentar la difícil situación que atravesó la compañía en estos años, es necesario hacer un breve comentario del proyecto de negocio que Francisco Martínez elaboró para la Compañía una vez que fuera construido y diera inicio su vida ferroviaria.

Memoria de la Compañía del Ferrocarril de Argamasilla-Tomelloso (1916)
Memoria de la Compañía del Ferrocarril de Argamasilla-Tomelloso (1916)

Según se detalla en la documentación personal de El Obrero, Francisco Martínez, junto con los principales accionistas, como Ramón Ugena, Juan Antonio Peinado y José María Serna, entre otros, concibieron que este negocio requeriría la inversión de muy poco capital. Cada uno invirtió en función del presupuesto que Francisco Martínez estimó sería necesario para la construcción del ferrocarril, cantidad que, junto a lo procedente del arbitrio del vino y alcoholes y la financiación que se recibió del Banco Hispano-Romano, se ajustó con bastante precisión a lo previamente estimado en el presupuesto realizado por Francisco Martínez Ramírez, y aún con menos.

Todos los beneficios generados por el ferrocarril eran ingresados en una cuenta, la cual, en diez años, habría reunido una cantidad suficiente para que la Compañía del Ferrocarril de Argamasilla-Tomelloso, se independizara de la Compañía M.Z.A, comenzando así a explotar el ferrocarril directamente. En este período de diez años, el ferrocarril se habría terminado de construir completamente, terminando de adquirir el material móvil que faltaba, y el negocio alcanzaría un valor previsto de cinco millones de pesetas, frente a la inversión inicial de 800.000 pesetas, por lo que, sin ninguna duda, el negocio sería un éxito.

Los tres primeros años de vida del ferrocarril fueron positivos, pero en el año 1917, la Compañía de Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante rescindía el contrato de explotación. Tenía lugar en este período la I Guerra Mundial (1914-1918), «La Gran Guerra», como era llamada por sus contemporáneos, y a pesar de que España fue un país neutral en esta contienda, las dificultades económicas que generó el conflicto hizieron mella en el país.

En este contexto, la Compañía MZA alegaba dificultades provocadas por la situación bélica. Las deficiencias en el servicio se hicieron patentes, aumentaron además sus exigencias a la Compañía del Ferrocarril de Argamasilla-Tomelloso. Tal situación, unida a la subida de los precios, provocó irremediablemente una reducción de los ingresos de la Compañía de A-T que hizo imposible para la empresa continuar como hasta ese momento, provocando una situación muy grave para la misma.

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